Debate sobre Ciencias Básicas en JT

Roberto Mulet, profesor de la FF UH y miembro de la SCF, expresa sus opiniones en el interesante debate, abierto por la revista Juventud Técnica, sobre las Ciencias Básicas en nuestro país.

http://www.juventudtecnica.cu/Juventud%20T/2013/panorama/paginas/sobre%2...

Opinión de un lector

Un criterio sobre el texto “Ciencias básicas en Cuba: ¿qué se ve en el horizonte?”, publicado por nuestra revista en noviembre de 2012. Para comentar sobre la misiva puede dirigirse a debatecienciajt@gmail.com

 

28 Febrero, 2013

Quiero comenzar agradeciendo a la periodista y a la dirección de JT por el artículo “Ciencias básicas en Cuba: ¿qué se ve en el horizonte?”. En el mismo, creo que por primera vez en la prensa cubana, se presentan algunas de las no pocas contradicciones y dificultades que enfrentan la ciencia y los científicos cubanos. Eso por sí solo es un soplo de aire fresco contra el monótono presentar acrítico de resultados, logros, premios, etc, que, en el mejor de los casos, solemos presenciar en nuestros periódicos.

Sin embargo, hay al menos dos conceptos que ímplicita o explícitamente se exponen en el trabajo con los cuales no estoy de acuerdo. El primero, podría parecer meramente académico, pero no lo es. La separación de la ciencia en “Ciencia Básica” y “Ciencia Aplicada”, es falsa. Estas pueden ser dos categorías útiles para biógrafos y estudiosos de las ciencias sociales. Pero esa separación no existe cuando se trabaja. Sin las ecuaciones de Maxwell no habríamos tenido revolución industrial y los GPS funcionan gracias a las ecuaciones de la relatividad general de Einstein. Cualquier cosa que llamemos terapia genética habría sido imposible si primero no se hubiera descubierto que la estructura del DNA es una doble hélice. ¿La teoría de la evolución es “Ciencia Básica” o “Ciencia Aplicada”?. ¿Y la máquina de Turing, la construcción conceptual de las computadoras modernas?  El descubrimiento del transitor fue prácticamente un hecho fortuito en los laboratorios ATT Bell. Este dispositivo revolucionó la electrónica moderna, pero nadie lo estaba diseñando. Las celdas solares nacieron en los mismos laboratorios, para lograrlo era fundamental conocer como interactúa la luz con la sustancia. Los ejemplos son innumerables pero no es mi objetivo hacer un compendio de la estrecha sinergía de eso que algunos nombran “Ciencias Básicas” y “Ciencias Aplicadas”. Quiero solo llamar la atención del peligro que encierra esta división artificial para el futuro de la ciencia cubana y en especial el de su inserción en la economía.

Este último, es un proceso muy difícil, donde en general son importantísimos no solo los factores objetivos sino también los subjetivos. Pero si este proceso de inserción comienza con esta división establecida derivará, inevitablemente, en el abandono de la ciencia y la tecnología y su sustitución, si tenemos suerte, por el mantenimiento inteligente de tecnología obsoleta.

La segunda idea, que de una manera u otra se refleja en el artículo es la de que la Ciencia Cubana tiene problemas. Eso no es correcto, la ciencia cubana está en crisis. Me sorprendería mucho si alguno de los indicadores para medir la producción científica cubana y su impacto en la economía hubiera mejorado en los últimos años. Todos los que yo conozco han empeorado. Es un proceso de deterioro que ha estado a la vista de todos, como en su tiempo lo estuvo la infección de marabú en nuestros campos.

Hace unos días, en la televisión nos anunciaban que alrededor del puerto del Mariel se desarrollarían industrias de alta tecnología. En un país que cierra una carrera de Ingeniería Física, gradúa 30 Licenciados en Física al año, y 5 Doctores en esa rama y menos aún en Matemática, por solo poner ejemplos que me me son cercanos, ese anuncio sonaba poco realista, a futuro lejanísimo.

Es especialmente preocupante y doloroso el estado en que se encuentran nuestras Universidades, donde hace prácticamente 20 años que no se realizan inversiones para investigación. En la Universidad de la Habana el número de publicaciones científicas no crece desde el 2006, en los años “buenos”, se superan por poco las 100 publicaciones en el Web of Science. Un número ridículo si lo ponemos en contexto internacional, incluso Latinoamericano. Más del 90% de estas publicaciones se realizan gracias a proyectos internacionales. Su capacidad para producir ciencia se contrae inexorablemente. La Facultad de Física fue evacuada en el año 2006 para una reparación capital. La obra debía durar 4 años, va por 6 y nada parece indicar que terminará alguna vez. No importa cuanto se esfuerce la dirección Universitaria o la dirección de esta Facultad, sino hay una clara voluntad política en el país por terminarla, esos esfuerzos carenarán siempre en la conocida ineficiencia del proceso inversionista nacional.

Pero esto es solo la punta del iceberg de una Universidad que parece colapsar estructuralmente. No basta que para conmemorar el 28 de enero se recupere el rectorado y con él la hermosa vista de la escalinata para decir que ese deterioro se revierte. En la Facultad de Biología caen a tierra pedazos de techo, en la Facultad de Química la red hidrosanitaria colapsó hace años y los techos se filtran al primer aguacero. El mobiliario de la institución tiene más de 50 años.  Calificar de malas las condiciones de trabajo es un eufemismo. Basta mencionar que la oficina de trabajo del presidente del Consejo Científico de la Universidad es esencialmente un closet con filtraciones y una ventana minúscula. Hay menos de una computadora por profesor. Una impresora es casi un objeto raro. La velocidad de internet la hace prácticamente inútil. Hace más de 30 años que no hay presupuesto para comprar libros de interés para la investigación. De hecho, no hay presupuesto para investigación. El año pasado al menos dos tesis de doctorado se discutieron en el medio de apagones que se hicieron tan frecuentes como impredecibles. Todo el tribunal, para evaluar la calidad de la tesis, debia mirar en la pantalla de una laptop la exposición del trabajo. Esto no es anecdotario, son sólo ejemplos aislados para destacar la gravedad de la situación.

Si hacer trabajo teórico y mantener el imprescindible rigor científico en esas condiciones es una tarea titánica, hacer experimentos es casi un sueño. Así, se vuelve dificilísimo convencer a un joven investigador de que su trabajo es, o puede ser, “importante” o “útil” para el país. Además, los salarios siguen siendo bajos, poco atractivos y sin relación alguna con la calidad o cantidad del trabajo realizado. Por supuesto que el claustro envejece y no es posible sustituirlo adecuadamente.

No bastan los resultados de la Industria Biotecnológica cubana para dar una visión positiva de nuestro futuro científico. Sería como decir que la agricultura va bien porque aumentó la venta de tabaco al mercado internacional. En un país de pocos recursos y asediado por un enemigo poderoso,  la ciencia y su inserción en la economía son fundamentales para garantizar la independencia. Yo estoy convencido de que si el estado no re-evalúa sus políticas de desarrollo científico, en poco tiempo nuestra ciencia estará en niveles pre-revolucionarios.

Dr. Roberto Mulet

Departamento de Física Teórica

Facultad de Física

Universidad de la Habana